Un hombre estrella

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Francisco Tete Romero*

Son las 23 del sábado 12 de junio y la peor noticia llegó: Juan Chico murió de Covid tras más de una semana de pelearle a la muerte en el hospital Perrando de Resistencia.

Me resisto a creerlo pero necesito escribir estas líneas: Juan Chico fue y es el mejor historiador que parió el Chaco en estas últimas décadas: porque quiso, pudo y supo romper “ese mar congelado que llevábamos dentro”, como alguna vez escribió Kafka, para escuchar, ver y sentir como propias esas otredades rigurosamente vedadas como sujetos de derecho.

Porque por él, como por otras y otros (apenas un puñado de voluntades), llegamos a las y los sobrevivientes de las masacres de Napalpí y del Zapallar. Por él entendimos que el genocidio no es un hecho del pasado, sino que sigue siendo. Por él supimos que jóvenes qom fueron a la guerra de Malvinas y los invisibilizaron luego hasta que su coraje, inteligencia y sensibilidad los rescató del olvido después para decir que fueron y son chaqueños y argentinos, pero orgullosamente qom.

Por iniciativa de Juan también existe hoy un Memorial de Napalpí. Por él también fueron rescatados del Museo Nacional de La Plata nueve cadáveres conservados allí como trofeo, tras las masacres de la campaña de Victorica en 1884-1885. Por su gran aporte, sobre todo, fue y es posible un Juicio por la Verdad Histórica sobre la Masacre de Napalpí.

Conocí a Juan a fines de 2007. Era albañil y estaba orgulloso de serlo. Quería ser historiador. Me reuní con él a las siete de un lunes de fines de diciembre de 2007. Me dijo que quería investigar en la comunidad en la que había nacido y ahora se llamaba Colonia Aborigen, otrora Napalpí, porque allí ya no hablaban el qom, porque ese era su lugar en el mundo y allí era su principal desafío. Y vaya que fue un historiador de fuste, un iluminador entrañable de las verdades veladas a la memoria en nuestro Chaco desangelado. Y vaya que se tragó la vida para serlo.

Era mucho menor que yo pero fue y es mi Maestro.

Aprendí y sé que seguiré aprendiendo mucho de él como de sus compañeras y compañeros de la Fundación Napalpí, que es su gran creación, desde la que organizó los Seminarios sobre prácticas genocidas. Recorrí el Chaco junto a Juan.  En todo el 2019 visitamos institutos de educación superior del Chaco presentando su libro Las voces de Napalpí.

Viajar y dialogar con él me ayudó como pocas experiencias en mi vida a replantearme en serio de qué iba eso de descolonizarme y descolonizarnos. Me faltan palabras para continuar. Me falta Juan.

En marzo de este año en el patio de unos amigos compartimos una cena con él y con su querida hija. Planeábamos un libro sobre Meguexogochi, el gran líder que combatió hasta el final con el ejército de la mal llamada campaña al desierto verde y fue desaparecido en el río Paraná. Y proyectábamos realizar un Postítulo sobre las memorias ocultadas del Chaco.

Viajaba mucho, visitaba a sus hermanos y hermanas que más lo necesitaban. No importaban la hora ni el día. Si lo necesitaban, todas y todos sabía que podían contar con Juan. Y hasta tenía tiempo de escribir —o mejor, renarrar, como solía

decir— los relatos infantiles qom, porque no quería que las voces de las madres qom se perdieran en el olvido.

Cuando se fue Melitona Enrique me dijo que la pensara como una mujer estrella. Solo puedo escribir ahora que Juan fue y es pare mí un hombre estrella, un hermano cuya huella continuar: militar contra el olvido, contra toda forma de racismo y discriminación.

Por un Chaco pluricultural y plurilingüe donde no haya nunca más asesinatos como el del joven del barrio Los Silos de General San Martín.

*Escritor y docente