Por un puerperio con apoyo y sin exigencias

Compartirlo

Por Pamela Soto*

Existen opciones para atravesar el puerperio sin que el capitalismo y el patriarcado nos abrumen.

Quedaste gordita después del parto. Levantate, antes las abuelas parían a sus hijos y después iban a trabajar la tierra. Mi hija se recuperó rápido, vos no porque sos haragana. Estás muy flaca. Arreglate. ¿Por qué tenés tanta cara de cansada? Trabajá, estudiá. Un bebé no te puede ocupar todo el tiempo. Levantate. 

Después de nacer el bebé, para quien lo gestó, comienza un periodo conocido como puerperio, es una etapa de adaptación en la que la persona gestante atraviesa nuevamente grandes transformaciones a medida que se recupera del estrés físico del parto y se acostumbra a esta nueva situación.

En esa etapa es normal sentirse cansadas, con sueño, desordenadas en tiempo y espacio, irritadas por no poder cumplir con las expectativas que una misma se impone como madre. Mucho menos con las expectativas que el mundo o nuestro círculo más íntimo nos impone. 

“La parte más difícil para mí, pero que más me enseñó y empujó a analizar y replantearme cosas, fue mi primer puerperio. Evidenció para mí el fuerte peso del sistema. No fue tanto el entorno el que ejerció presión sobre mí. Fui más bien yo la que me presionaba. Yo, la que sentía el ‘ahogo’ por estar tantas horas de cada día maternando y ‘no produciendo’, según cómo lo veía. Así me sentía. Improductiva”, recuerda Moira sobre su primer puerperio. 

Es que el capitalismo, la exigencia de productividad extrema y el patriarcado son un combo muy grande para una mujer madre, no por falta de fortaleza, sino por falta de empatía de la sociedad hacia quienes atraviesan el puerperio. 

Cuando todo cambia

“El puerperio es la etapa después del parto y hasta los 3 años de edad del bebé, dónde recién la cría comienza a tener un poco más de autonomía”, relata Érica Doula. Afirma también que los principales cambios son físicos, en el cuerpo de la persona que recién parió. “Está lactando, con todo lo que eso implica una catarata de hormonas que nos afecta como cambios de humor y cansancio. No nos reconocemos en este cuerpo que es distinto al que tenía antes de ser mamá. Y ni hablar si ya hay otras crías en la casa”, analiza Érica. 

En ese contexto, a las personas gestantes nos toca aceptar que ahora existe un bebé que depende de una todo el tiempo. Así, los espacios personales y nuestras necesidades básicas —como bañarse, comer, ir al baño— pasan a segundo plano. 

Para las mujeres, eso implica una sobrecarga de tareas, debido a que aún en pleno auge de los feminismos y el cuestionamiento de costumbres, existe una falta de reconocimiento a las tareas de cuidado y crianza de las infancias por parte de la sociedad. 

Moira asegura que, en su interior, sabía que no estaba siendo “improductiva” durante su puerperio. “Yo era consciente de que lo que estaba haciendo era mucho más importante, útil y valioso que ir a una oficina a trabajar. Estaba criando a una persona. Criando con amor, dedicación y entrega a un futuro adulto. Estaba aportando así a la sociedad. Estoy convencida que una madre y/o un padre que eligen estar con sus hijes, darles tiempo (y de calidad en la medida de lo posible), darles amor, apego, contención, escucha son valiosos. Sin embargo, el chip —como llamo a eso tan arraigado en nuestras cabezas sobre la necesidad de producir para el sistema— hacía lo suyo”. 

Sobre ese pensamiento que tuvimos muchas mujeres puérperas, Erica revela que el mundo laboral capitalista nos exige volver a trabajar 45 días después de parir. “Esta exigencia laboral imposibilita mantener la lactancia exclusiva que tan bien les hace a nuestros pequeños, debiendo recurrir a otros métodos que, por supuesto, acarrean un costo económico y mental para las madres”, dice. 

“Creo que tanto la maternidad como el puerperio tienen que ser una vivencia colectiva, no triste y solitaria. Hay que formar redes de apoyo reales y conscientes de las necesidades de la madre, no solo de la cria. Rodearnos de personas con mucha empatía es necesario”, afirma Erica.

Quiénes somos

Los medios de comunicación nos muestran a mujeres priorizando sus carreras profesionales, atravesando puerperios sin dolores, sin ojeras, sin cansancio, con sonrisas y cuerpos hegemónicos a siete días de parir. Mujeres que vuelven a las cámaras, a las fotos, a conducir programas y a dar entrevistas como si parir y criar un bebé fuera un trámite. 

Pero aquí no estamos cuestionando a aquellas mujeres que logran atravesar el puerperio así, felices y sin cansancios. Cuestionamos a los medios de comunicación, a la sociedad que nos señala a las mujeres por el abandono de la profesión para quedarnos en casa a cuidar nuestros niñes; y también se nos señala si elegís volver a trabajar con un bebé de 45 días.

“Son dos temas discutidos en el feminismo”, propone Erica. “Para la sociedad, la mujer madre tiene que ser profesional, linda bien arreglada, estereotipada, flaca, no sufrir, no estar cansada, cumplir con el hogar y las crías. Todo con una sonrisa. Parece de otra época, pero es re vigente”, describe. 

“Para mí, la conciencia de saberme criando a un niño con amor quedaba casi permanentemente aplastada por esa estúpida idea de que si no trabajamos, no vamos a nuestros laburos o no limpiamos la casa, no estamos siendo, incluso, no somos productivas, útiles”, recuerda Moira.

Para atravesar el puerperio sin que nos afecte las exigencias de la sociedad, es necesario tener apoyo. Entre las recomendaciones de Érica se encuentran buscar espacios de contención, en tribu, y estar en contacto con mujeres reales para compartir la maternidad.

*Periodista.