Margarita urgente

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A 45 años de la Masacre de Margarita Belén, desde ModoMatria les pedimos a cinco jóvenes, exponentes cada une de distintas formas de hacer política, arte, comunicación y gestión, que nos cuenten sus impresiones acerca de uno de los hechos más trágicos de la historia de nuestra provincia y de nuestro país.

A 45 años, Margarita nos sigue convocando, nos interpela y nos compromete a mantener la memoria en alto. En eso estamos.

El 13 de diciembre de 1976, entre 25 y 30 militantes políticos fueron fusilados —después de haber sido sometidos a tortura— en las afueras de Margarita Belén, Chaco. En la última década —y gracias a los juicios de lesa humanidad— se pudo condenar a los culpables. Es de todos modos imprescindible mantener viva la memoria sobre aquellos hechos. ¿Cómo deberíamos recordar la Masacre de Margarita Belén —símbolo de lo que fue la dictadura militar— para que podamos tomar de ella un aprendizaje social?

Silvana Liva (26 años, gestora cultural)

Cuando era piba resonaban en casa algunos relatos sueltos en relación a la última dictadura, pero sin mucho detalle. Uno de ellos es que mi viejo convivía en una pensión por Ameghino 887 con un par de amigos estudiantes y que uno de ellos fue desaparecido. Un tiempito antes de la desaparición mi viejo se mudó, pero un día volvió a visitarlos, y el almacenero de su vieja cuadra le advirtió que no tocara el timbre porque los milicos hace días que estaban instalados en el domicilio.

Años después supe que el desaparecido era Luis Ángel Barco, apodado “Barquito”, hijo de trabajadores, estudiante de la carrera de Ingeniería, militante de la Juventud Peronista que llegó a ser presidente del centro de estudiantes. Cuando lo detuvieron durante meses no se supo de su paradero, mi viejo me contaba que mientras hacía el servicio militar la veía a su madre que todos los días iba al regimiento a reclamar una respuesta. A Barquito lo asesinaron meses después en la noche de la Masacre de Margarita Belén.

Este hecho nos habla de la historia que nos atraviesa, habla de que en nuestra realidad inmediata aún quedan heridas y ausencias generadas por el terrorismo de Estado. Como Barquito, hay miles héroes de la resistencia olvidados, que se jugaron la vida y la libertad por un país mejor. Esos hombres y mujeres están en el ADN de nuestra memoria colectiva.

Durante mucho tiempo de esto no se hablaba, incluso mi vieja cuando empecé a militar en la adolescencia le subyacía el miedo por todo lo vivido. Creo que cuando hablamos de políticas de memoria, hablamos de un futuro, un futuro que resignifique la historia en la que no se puede repetir el horror. Necesitamos espacios de reflexión para alimentar una ciudadanía activa, participativa y educada en valores democráticos.

Florencia Martínez (30 años, periodista)

A la dictadura debemos recordarla como un hecho al cual no debemos volver nunca más. La violencia y el terrorismo de Estado nunca son la salida. Y ese mismo concepto, o idea, es con la cual debemos regirnos los periodistas.

Tenemos que tener el compromiso y la responsabilidad social al hablar de estos sucesos aberrantes que marcan nuestra historia, la que escribimos diariamente, la que tenemos que contar a las próximas generaciones, la que nunca debemos olvidar.

Margarita Belén es un hecho que duele a todo chaqueño, a quien la vivió de cerca y a quien se la contaron.

Debemos tomarlo como un episodio que nos marcó y enseñó a luchar por la democracia, a respetar y hacer respetar los derechos humanos tanto individuales como colectivos. Claro que nos enseñó, sobre todo a estar unidos como sociedad, porque siempre es mejor si la lucha es de a dos, en comunidad.

La Masacre de Margarita Belén duele y va a seguir doliendo, porque fue un hecho social que nos hizo cambiar la mirada hacia los genocidas, repudiarlos y hacerles saber que esta lucha colectiva siempre está presente. Así como la memoria de estos militantes políticos.

Como periodistas, comunicadores y formadores de opinión nunca debemos desviarnos de la idea central, de que fue un hecho aberrante y que el grito siempre es “Nunca más”. Tenemos que comprometernos con la memoria, con la verdad y la justicia y contar la historia, desde la única mirada que es con la responsabilidad que nos compete desde nuestro rol social y profesional.

El aprendizaje que queda en nosotros es la memoria, verdad y justicia. La bandera que tenemos que levantar siempre, entre todos y para todos.

Juan Solá (32 años, escritor)

Juan Solá

Recordar como acto revolucionario, pero también como acto de recuperación de la ternura; como muestra de conmoción y de reconocimiento del tejido humano que excede cualquier pretenciosa individualidad. Recordar por la conciencia de que toda historia es la propia historia y que lo colectivo es la forma más verdadera de la memoria. Recordar como exceso de uno. Recordar con la certeza de que no se recuerda solo; en el convencimiento de lo fragmentario de la inmensidad, de los relatos únicos. Recordar como quien ve el rostro de algo que siempre estuvo de espadas. Recordar y al mismo tiempo recordar-se ante la ausencia del suceso y la presencia de sus restos. Recordar como refugio, como punto de partida del mundo, como victoria en esta guerra contra el silencio. Recordar como revancha contra la muerte y contra quienes la ejecutan y la propician. Recordar para que finalmente la vida no sea una repetición, una constante. Recordar porque solamente recordando se “es” frente a la aparente quietud del “estar”.  Recordar lo que no nos ha sucedido y en ese acto, parir la certeza de que lo que no te pasa, a veces, te atraviesa.

Julieta Campo (28 años, subsecretaria de las Juventudes y Diversidad)

Julieta Campo

Me parece que como chaqueños y chaqueñas deberíamos recordar la Masacre de Margarita Belén como un hecho histórico que nos pasó a todos. Resulta necesario mirar la Masacre no como pieza de museo, sino como memoria viva de nuestro pueblo, tratar de mirar siempre con nuevos ojos la historia de Margarita Belén, para conocer cada una de esas vidas detrás de tanta muerte. El ejercicio de la memoria es un mecanismo que nos permite hacernos carne de lo que otros vivieron para que nosotros seamos quienes somos hoy.

Y en Margarita Belén fusilaron a militantes políticos que luchaban por transformar un país y una provincia llena de injusticias con un gobierno de facto que aplicó una receta que los más jóvenes también conocemos: ajuste, deuda y represión.

Los métodos de la derecha fueron antes con régimen militar, hoy con timba financiera, persecución judicial y exclusión social. Los métodos del pueblo fueron, ayer y hoy, militancia organizando centros de estudiantes, comisiones barriales, clubes y sindicatos.

El mejor homenaje que podemos hacerles es comprometernos entre todes a construir un sujeto colectivo solidario con conciencia para decir nunca más al neoliberalismo.

Paula Oviedo (35 años, psicóloga social)

Paula Oviedo

La Masacre de Margarita Belén debe ser recordada como uno de los hechos más aberrantes de nuestra historia. Pero también hay que destacar el surgimiento de una memoria colectiva, no solo para que este hecho no quede impune, sino también para que quienes no vivimos aquella época, quienes no tenemos la memoria biológica del suceso, podamos tenerlo presente para las futuras construcciones sociales-políticas y judiciales colectivas.

El relato de un acontecimiento histórico, el relato de algo que nos fue grabado en la memoria a partir de una vigilia en la plaza o de una convocatoria en Margarita, no individual, sino colectiva, brinda la posibilidad de sentir y de ser partícipe de las acciones futuras que buscan sanar y, principalmente, NO OLVIDAR.

Siento profundamente que los aprendizajes que nos deja la Masacre de Margarita Belén pueden estar resignificados en varios puntos centrales. Uno de ellos es la construcción colectiva, no solo de la memoria, sino también de las políticas y de la historia.

También aprendizaje subjetivo es aquel que nos permite repensarnos en nuestras prácticas de lucha, que hoy se modificaron bastante. Las redes sociales y los medios de comunicación vinieron a imponer prácticas de lucha diferentes, que aún tratamos de asimilar. Pero es desde aquella “memoria colectiva” de donde debemos encontrar las herramientas para afrontar este momento histórico.

Recordar la Masacre nos debe encontrar unidxs y organizadxs, nos debe empujar a luchar por una patria más justa, libre, igualitaria, la patria por la que lucharon nuestras compañeras y compañeros hace 45 años. Y lo sé y lo siento porque así me lo enseñó la construcción de la memoria colectiva.

Francisco Martina (31 años, artista audiovisual)

Francisco Martina

El uso de las nuevas tecnologías y medios de comunicación para ejercitar la memoria, pensándola como una herramienta para la construcción de una sociedad más consciente, empática y solidaria, es realmente vital. Considero que vivimos inmersos en una memoria fácilmente hackeable, donde el olvido es el virus que daña nuestra matriz, y ahí es donde se debe innovar en los métodos para construir una conciencia de nuestro presente, aprendiendo del pasado. Métodos como la “gamificación” (trasladarse a la mecánica de los juegos) de conceptos como “historia”, “memoria”, “justicia”, o de acontecimientos históricos, ayudan a conseguir mejores resultados en el ámbito educativo, absorbiendo conocimientos, mejorando diferentes habilidades o recompensando acciones concretas.

La realidad virtual y aumentada, hoy en día llamada “realidad expandida”, fortalece la asimilación de información concreta al mezclarse directamente con los sentidos del cuerpo y con la realidad que habitamos. Es decir, propone una forma diferente de percibir nuestro alrededor. Los productos audiovisuales contemporáneos, tan volátiles, espontáneos y efímeros, entorpecen nuestra mente de manera constante, pero es el lenguaje dominante dentro de las nuevas generaciones, por lo tanto, aprendiendo a utilizarlo, es posible re-armar nuestra forma de contar historias sin que pierdan su esencia. 

La Masacre puede y debería ser contada tanto a las nuevas generaciones como a las anteriores utilizando estas metodologías y herramientas, para provocar interés, curiosidad y, por qué no, fascinación, inspirándose en el macabro hecho para que la creatividad ilumine nuestra historia.
Expandir nuestra visión sin perder identidad, escuchando y aprendiendo del otrx, comprender la sociedad que nos habita y sus mecanismos de comunicación, creo, nos ayudaría a construir una memoria sólida, pero permeable y adaptativa.

Somos un algoritmo dentro de una base de datos infinita en la red, juguemos a este nuevo nivel, desbloqueemos esas claves secretas para ganarnos la autenticidad que tanto nos representa. Todo enemigo tiene un punto débil, ser perseverantes es la clave.

Ernesto Gallo (24, estudiante de psicología)

Freud le escribe una carta a Einstein conocida como ¿Por qué la guerra?, en 1932. Ahí Freud dice que en los albores de la humanidad, en los orígenes primitivos, los humanos resolvían sus conflictos con el ejercicio la violencia. Digámoslo con simpleza, mediante el sometimiento o la muerte del enemigo. Más adelante en el tiempo hubo un salto cualitativo que llevó de la violencia al derecho, continúa Freud en la correspondencia. Esto quiere decir que las diferencias y contiendas no se resolvían ya mediante la fuerza de unos contra otros, sino que empieza a surgir una mediación, se trata de la ley y podríamos decir que el aparato que la encarna es el Estado. Freud dice que este advenimiento de violencia en derecho sienta sus bases en el hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión y organización de los débiles. Si vamos un poco más allá, podemos conjeturar que también esa mediación es posible solo mediante la política, esquemáticamente diremos que se trata de la organización de la comunidad para pautar leyes y formas de vida en sociedad, mediante el poder del Estado al que, en el caso de la democracia, se llegaría mediante el voto popular. Una forma de sintetizar esto es la idea del sociólogo Max Weber: es el Estado el que posee el monopolio de la violencia legítima.      

Ahora bien, si pensamos en lo sucedido en la última dictadura militar en la Argentina, iniciada el 24 de marzo de 1976 y finalizada el 10 de diciembre de 1983, se puede observar que lo acontecido en ese momento es una perversión completa de lo que planteamos más arriba. Porque es la facción militar de la Nación la que toma, mediante la fuerza y la imposición, el poder del Estado, para desde ahí y con todas las herramientas de este, ejercer una violencia completamente desmedida y fuera del derecho, para eliminar a sus enemigos políticos. Las características ideológicas de lo que el terrorismo de estado quiso eliminar no lo vamos a desplegar en este escrito. Lo que se puso en acto en ese momento de nuestra historia es el cese de la política, la imposición por la fuerza y el terror de una nueva violencia regrediente y, en relación a lo que planteaba Freud, anterior al advenimiento del derecho. Se trató de un plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición de todo aquél que pensara distinto al régimen militar, o que tuviera aspiraciones a que la política resurja y se ponga fin a la dictadura. La Masacre de Margarita Belén es una muestra de esto.

La cuestión que surge es ¿qué se hace con todo lo que sucedió en esos años oscuros y sangrientos de nuestra historia? Desde nuestro punto de vista, es de suma importancia un trabajo de duelo, es decir una tramitación psíquica a nivel individual, y a nivel social se podría decir una tramitación cultural, para lograr circunscribir la pérdida de cada compatriota desaparecido, pero además lo traumático a nivel social que dejó sus huellas en la memoria colectiva de nuestro país. Creemos que es fundamental este trabajo de duelo, porque es en la medida en que algo de esa pérdida traumática se pueda inscribir en la cultura, que tragedias y perversiones del orden político no retornen en la Argentina. Un acto en donde se puede vislumbrar esto es en la lucha constante desde Las Madres de Plaza de Mayo, continuando desde el Estado durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, por lograr que el derecho haga justicia y condene a todo aquél que haya sido parte del terrorismo de estado.

Es fundamental señalar en este punto que los familiares de víctimas de la dictadura militar, incluso sobrevivientes del terrorismo de estado y el pueblo en su conjunto, no optaron en ningún momento por el ejercicio de la violencia motivada por la venganza. Sino que fue construyendo, mediante la organización política, una herramienta para que fuera el Estado, como una mediación, quien juzgue y condene a los genocidas.

Ernesto Gallo

Para terminar citaremos un fragmento de la carta de Freud, mencionada al principio: “Para que se consuma ese paso de la violencia al nuevo derecho es preciso que se cumpla una condición psicológica. La unión de los muchos tiene que ser permanente, duradera. Nada se habría alcanzado si se formara sólo a fin de combatir a un hiperpoderoso y se dispersara tras su doblegamiento. El próximo que se creyera más potente aspiraría de nuevo a un imperio violento y el juego se repetiría sin término. La comunidad debe ser conservada de manera permanente, debe organizarse, promulgar ordenanzas, prevenir las sublevaciones temidas, estatuir órganos que velen por la observancia de aquellas —de las leyes—  y tengan a su cargo la ejecución de los actos de violencia acordes al derecho. En la admisión de tal comunidad de intereses se establecen entre los miembros de un grupo de hombres unidos ciertas ligazones de sentimiento, ciertos sentimientos comunitarios en que estriba su genuina fortaleza”.