Las Mil y Una, un modo de existir en los barrios populares

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Por Pamela Soto*

El segundo largometraje de ficción de la correntina Clarisa Navas se llama Las Mil y Una. El título está relacionado con el famoso barrio de la capital de Corrientes llamado Las Mil Viviendas. La película abrió la sección Panorama, del Festival de Berlín, en febrero del 2020; en diciembre, la presentaron en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata y tuvo también un lanzamiento virtual en la plataforma CineAr Play y en mayo de este año llegó a Netflix.

Clarisa Navas nació y vive en Corrientes y Las Mil y Una parte de su experiencia de vida, ya que vivió en el barrio donde fue filmado el film. “La película parte de una experiencia muy personal, que fui construyendo con muchas memorias. Parte de un cuento que hice en la adolescencia a modo de resistencia, porque era lo único que podía hacer en ese momento”, contó Clarisa en una entrevista con DW.

Las Mil y Una cuenta la historia de Iris (Sofría Cabrera), una joven de 17 años que está descubriendo sus gustos y preferencias. En ese camino, también están en profundo cuestionamiento su sexualidad y orientación sexoafectiva.

A Iris la expulsaron de la escuela y desde entonces pasa los días en Las Mil Viviendas junto a sus primos Darío (Mauricio Vila) y Ale (Luis Molina). Ellos son sus amigos y confidentes, con quienes a lo largo del largometraje de Navas se enfrentan a diálogos que plantean las esperanzas, sueños, dudas y cuestionamientos propios de pibes de una barriada popular.

En la vida de Iris aparece Renata (Ana Carolina García), una joven que volvió al barrio después de pasar unos años fuera del país. Sobre Renata, el barrio habla mucho, dicen que es lesbiana, que se prostituye y que tiene VIH.

De acuerdo al relato de Clarisa, para Iris, Renata es un misterio; pero no le puede quitar los ojos de encima y entablan una relación que llega a un momento de intimidad que es interrumpido por dos hombres del barrio que agreden a Renata.

La película tiene escenas fuertes que sobrepasan la pantalla, que explican cómo se vive en un barrio humilde, diverso, con jóvenes que están forjando su identidad, sus vínculos, que se están descubriendo y que están experimentándolo todo.

También deja en evidencia el tipo de sociedad en la que los jóvenes están inmersos y que, en el barrio, “ser distinto” no está permitido y la discriminación es cosa de todos los días.

“Mi historia fue muy similar y en un contexto muy hostil, a tal punto que muchas veces la única posibilidad que se ve es la muerte. Uno se dice, si no puedo seguir existiendo acá, prefiero morir. Ese cuento era una especie de diario, y muchos años pensé en hacer con él una película, pero sentía que me exponía al hacer una película con tanta cuestión personal”, dice Clarisa.

A pesar de todos esos temores, Clarisa Navas decidió escribir la historia y el guión de lo que hoy es Las Mil y Una. “Una vez que tenía ese guión se fue impregnando de cosas y experiencias que traían les actores y las actrices. A partir de eso fue que se arma Las Mil y Una“, con un elenco que expresa integramente las identidades de género de les actores.

Clarisa sabe que algunos espectadores (sobre todo correntinos) se sintieron disconformes con el resultado, y afirma que “fue una reacción bastante esperable”. Desde su experiencia en el barrio y en Corrientes, cuenta, “siempre sentí un rechazo y cierto miedo a una forma de estar y de existir que se corriera de lo pautado, de lo que ellos llaman ‘buena moral’. Hay una parte de la sociedad correntina que todavia es muy reticente a aceptar y comprender que hay muchos modos de querer, de ejercer el deseo y de habitar los espacios, la reacción de los vecinos tiene que ver con eso también”, analizó Clarisa Navas.

Para la autora, Las Mil y Una viene a mostrar que hay muchos otros modos de ser y de estar, y eso chocó con el ser correntino, con sus valores. “Figuras que nadie combate, pero para mi hay un montón de formas de existir además de esas y es lo que quise representar en la película, también es lo que molestó a la gente”, advierte.

Por otra parte, Clarisa reflexiona acerca de cómo es vivir en el barrio de Las Mil Viviendas: “Me fui acostumbrando a estar ahí, a la desidia del Estado, que nunca jamás se ocupó de mantener ese proyecto de barrio que ya había sido pensado en condiciones mezquinas. Me parece que ver la imagen de la precariedad del barrio en una película, en mi película choca, pero es necesario tomar conciencia de dónde se vive y cómo”, analiza.

“Ojalá Las Mil y Una genere otro tipo de movimiento y de pensamiento con respecto a vivir en el barrio, y hacernos la vida más respirable para todas, todos y todes les que viven ahí”, se esperanza Clarisa.

* Periodista.