Las memorias de la matria

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Por Melisa Sotelo

Cada 5 de septiembre, desde 1983, se celebra el Día Internacional de la Mujer Indígena, en memoria de Bartolina Sisa, guerrera y heroína Aymara. La fecha fue instaurada en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu, Bolivia.

Al recordar a Bartolina se evocan las agallas y la valentía de las mujeres indígenas para defender  su territorio y cuidar a los suyos, pero sobre todo se trae a la memoria la lucha por la libertad y la soberanía de los pueblos. Bartolina Sisa fue una mujer aguerrida capaz de sentir, en lo más hondo de sí, las injusticias a las que eran sometidos sus hermanes por el racismo colonial.

Viajera y aventurera, luego de independizarse de sus padres, a los 19 años, emprendió un largo viaje por el Alto Perú que le permitió conocer las tierras y la forma en que vivían los pueblos aborígenes de la región. En aquella travesía se encontró una y otra vez con la sumisión, el silenciamiento de la cultura y la esclavización de su gente.

Luego de sus andanzas fue proclamada Virreina del Inca, asumió el liderazgo de la insurgencia aymara-quechua de 1781, junto a su compañero Tupac Katari, Virrey del Inca. Allí comandaron un ejército de más de 150 mil indígenas. En aquella batalla por la emancipación contra los españoles, compañeros de sus mismas filas la traicionan y la entregan a cambio de un indulto para ellos, que jamás ocurrió.

A mujeres como Bartolina —intrépida y sagaz, con un coraje inaudito que la llevó a convertirse en voz de todos los que habían sido silenciados— el imperio no perdona. De la manera más cruenta volvió a imponerse el miedo colonial, para fortalecer la obediencia: ordenaron arrastrar su cuerpo indio, desnudo, en público; exhibieron sus restos en cada territorio que ella había ayudado.

La memoria de Bartolina es el rugir de todas las mujeres hijas de la matria grande, porque todas las historias de la América se parecen. En nuestra región recordamos y reivindicamos a Mercedes Dominga, del pueblo Moqoit, proveniente de Napalpí, rebelde y combativa, lo que llevó a qué 1900 la declarasen Casica. Nombramiento que honró defendiendo a los suyos hasta los 125 años.

De muy pequeña, la Casica Dominga y su familia fueron prisioneras de una expedición de las tantas que se internaron en el Chaco. Aprovechó el infortunio para conocer la cultura de los criollos y manejar el idioma a la perfección. A la misma edad que Bartolina, Mercedes Dominga decide recorrer el Alto Perú. Así es que abandona los años de cautiverio y vuelve al sur del Chaco, donde está buena parte de su Nación Mocoví.

Cuando en 1911 Lynch Arribálzaga crea la Colonia Aborigen, la Casica se presenta con un gran número de personas, su gente del pueblo moqoit, para integrar la población.

Las mujeres indígenas de nuestra región son transmisoras por excelencia de las culturas; son quienes resguardan los saberes a través de las generaciones y quienes resistieron a la persecución y prohibición de las danzas, los cantos, la partería, el idioma, las prácticas de sanación, los rituales y creencias.

Bartolina Sisa y Mercedes Dominga, cada una a su tiempo histórico, son parte de la huella que sigue nuestra esencia de matria grande.