La voz de la memoria, desde lo antiguo profundo

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Por Melisa Sotelo

Charla con Ema Cuañerí, artista y docente del pueblo Qom.

Ema Cuañerí nació en Colonia Aborigen, Departamento de Quitilipi, el 12 de octubre de 1954, emblemática fecha para la voz de los pueblos indígenas. Le fue entregado el don del canto al nacer, por su partera, tal y como manda la tradición QOM. Hija rebelde de una madre que creció en la Napalpí de la masacre y eligió el silencio de la identidad por miedo a las consecuencias de ser parte de una cultura milenaria. De padre formoseño, de Misión de Haití, que pertenece al linaje de los collas, la parte sur de la tierra de donde son los charrúas. Actualmente vive en Formosa, Ema es música, artesana, docente y actriz.

Lleva el canto de los Qom por el mundo desde los trece años, cuando sintió el llamado y aceptó su compromiso con el canto ancestral. Dedicó su vida a estudiar, investigar y descubrir las voces antiguas y profundas de su cultura para transmitirlas y lograr su permanencia, grabando discos, dictando talleres, escribiendo libros.

Su obra es amplia y diversa, e incluye trabajos sobre múltiples escenarios, con obras de teatro, películas, documentales.

¿Cómo fue el inicio de tu vida con el canto?

Lo recuerdo tan bien… cuando nosotros vivíamos en el Chaco, con mi abuela, en la Colonia Aborigen, ella era la que comandaba la chacra. Era jefa, era la gran madre para nosotros, porque vivíamos en su casa. Cada uno tenía su rancho en la chacra y había un día especial en el que nos preparábamos y nos íbamos de la chacra a otro lugar, lejos, donde había un algarrobal y un patio inmenso. Para ir, mi abuela preparaba su carro, donde había mercadería, en la volanta íbamos todos los chicos, éramos de familia numerosa. En ese lugar escuché aquellos cantos antiguos y vi aquella danza del nomi, que me quedó grabada, esos saludos que se hacían cuando se encontraban las familias, ese saludo tradicional, en donde hacen una oración para saludarse, y es ahí donde nace el canto para mí. Si bien nosotros tenemos una partera especial cuando nacemos, la que nos da todos los dones, y a mí me dieron el don de cantar. En ese lugar especial recuerdo los rostros de la gente mayor, danzando y cantando con los pies descalzos, y esa imagen me quedó impregnada, grabada como un sello en mí. Después, en la adolescencia, empecé a buscar eso que era mío, que fue nuestro, parte de nuestra  vida, nuestra historia, y empecé a buscar ese canto, a averiguar con mi papá, con mis tías, con mi abuela… Me cambió el mundo haber recordado esas historias, de esas danzas del algarrobal.

¿O sea que no fue un canto transmitido, sino que fue un canto que se impregnó en vos y después empezaste a buscar de manera propia?

Claro, porque después, cuando en la adolescencia empiezo a ver qué pasaba con eso, porque era algo que constantemente se me aparecía, esas caras, esas danzas, ese sonido del campo, voy y hablo con mi papá de ese tema. Hemos pasado noches enteras hablando con mi papá y él ahí me cuenta de ese don para cantar, y cuando mi papá me dice esto yo lo asumí como un compromiso. Un compromiso que hoy, con 65 años, todavía mantengo y todavía lo sigo investigando. Porque siempre hay cosas para ver, cosas antiguas que sacar a la luz para que eso quede para las generaciones futuras.

Hablás de un compromiso, ¿con que es este compromiso?

Es con la identidad, un compromiso a la pertenencia de lo que somos nosotros. La pertenencia nuestra, ese es el compromiso, que en la adolescencia me brotó, salió a flote. Ese es el compromiso que tengo, difundir el canto y que las generaciones futuras no lo pierdan, y así fortalecer la identidad de los jóvenes, de los niños, para que sepan que fuimos un pueblo orgulloso de ser quienes somos.

¿Y qué representa el canto para mantener la cultura viva y la identidad? ¿Por qué el canto es tan importante en esto?

Según la cultura nuestra, el canto se realiza en todo momento de la vida. Se canta en el nacimiento, se canta en los momentos de alegría, se canta en los momentos de tristeza, inclusive se canta a la muerte. Hay momentos especiales, en los que se canta a la cosecha, se canta a la naturaleza. En todo momento se canta, por eso es importante, porque está allí la identidad nuestra, el sello nuestro que dice que somos protagonistas de esta historia, nosotros somos los que tenemos que escribir nuestra propia historia. Para que aquellos jóvenes que viven en la ciudad no pierdan la identidad. Si nos mezclamos con la gente doqshe (N. de la redacción: “criollos” en QOM), no perder nuestra identidad. Tenemos muchas cosas muy buenas como cultura para mostrar, con mucho orgullo de lo que somos.

Vos sos cantante y dedicás tu vida al compromiso de llevar el canto QOM, ¿de qué manera lo transmitís?

Yo siempre he vivido dos o tres maneras de transmitir el canto. Hay escenarios con mucha gente, donde se hacen canciones variadas. También me invitan a conferencias y después de las conferencias hay momentos para los cantos, inclusive para hacer ceremonias. Cuando había clases (N. de redacción: se refiere al momento previo a la pandemia) fui invitada a colegios primarios, secundarios, terciarios, hasta inclusive nivel inicial. Voy adaptando todos los cantos para los niños pequeños, contándoles historias, mostrándoles instrumentos, mostrándoles el arte nuestro, para que esos pequeños después no se olviden. Yo sé que no se van a olvidar, porque me pasó a mí, siendo tan chiquita me acordaba de tantas cosas, y por eso es lindo mostrar a los niños lo que es nuestro. No solamente en el ámbito de las escuelas intercultural bilingüe, también en las escuelas comunes, para que la otra sociedad comprenda quiénes somos, para que aprendan a respetarnos.

¿Quiénes pueden cantar?

Hay mujeres que saben cantar, por ahí cantan muy bien y no se animan a cantar, hay que animarse, es lo más lindo que hay. Yo recuerdo  que había una hermana WichÍ que no quería cantar. Yo conocía su voz y sabía su voz. Estábamos compartiendo un evento muy importante en Buenos Aires, ella estaba en la conferencia y le digo: “pero hermana, si cantás lindo, ¿por qué no cantas?”, y me dijo: “no me animo porque nunca canté sola”. Entonces le dije: “Yo canto hoy, así es que te invito y no te vas a poder negar, porque vas a estar en el escenario y ahí te voy a llamar”, y bien se animó a salir a cantar lo nuestro, a decir esta es nuestra identidad, esto es lo que somos nosotros. Marcamos presencia y eso quiere decir que tenemos todos los derechos de mostrar nuestra cultura.

¿Esta pérdida del canto antiguo que mencionas, tiene relación con la evangelización de las comunidades?

Yo he recorrido muchos lugares, distintas comunidades, invitando a la gente a que hagamos talleres de canto, talleres de danza, y no recibí respuestas. En una ocasión hicimos un taller de danza nomi, que también se había dejado bailar. Con respecto al canto, me pasó que una de las hermanas que ya falleció, Faustina, me entregó un casete con su canto… era un canto a la naturaleza, pero muy antiguo. Me emocionó mucho. Me lo entregó y me dijo: “Yo te lo doy porque sé que vos vas a hacer este canto”. Con ella, con Faustina, habíamos hecho una obra de teatro que yo había preparado: “Los qom cantan y danzan”, se llamaba. En uno de los bloques ella tenía que cantar estos cantos antiguos. La llevé al teatro, le mostré el lugar, ensayamos, todo ese trabajo previo hice con ella, y todo estuvo bien, hasta el día de la función. Cuando ya estábamos al costado del escenario, por subir, me dijo que ella no iba a cantar eso. Entonces le digo: ¿y por qué? si ya teníamos todo, ¿qué te pasó? “Pasa que si yo canto estos cantos antiguos, me va a ver mucha gente y esos cantos antiguos no puedo cantar porque voy a la iglesia”. Así me dijo. En ese momento tuve que solucionarlo, era una obra de teatro que yo dirigía, y entonces le permití que hiciera el canto de la iglesia. Pero también esa situación me dio pie para aclarar cómo interfiere la iglesia en nuestros cantos. Estoy hablando de cantos antiguos. Y ella hizo cantos en lengua qom, pero de la iglesia evangélica, y me sirvió eso para que la gente pensara y reflexionara qué es lo que estamos haciendo con esta historia.

¿Actualmente estás llevando adelante algún proyecto de recuperación de la cultura a partir del canto?

Ahora estoy haciendo trabajos de los cantos antiguos, con lenguaje muy antiguo, son cantos de los piogoná, como nosotros le decimos a nuestros médicos. Cantos para sanar, cantos para curar. Estoy retomando cantos de mi papá, que también fue piogoná, y estamos trabajando en este material para dejarlo grabado, porque es una preocupación que no se difunda o no se cante más. Entonces este medio, que es la tecnología, nos sirve para dejar esto grabado. Estoy hablando de canciones antiguas, muy antiguas, a una escala distinta de lo que se difunde. Los Chelaalapí cantan canciones antiguas de la memoria colectiva, pero lo que yo estoy haciendo es recuperar las canciones específicas de los piogoná para sanar, en un lenguaje muy antiguo.