La unión de las mujeres, un poderoso acto de resistencia

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Por Melisa Sotelo

Madres  Cuidadora de la Cultura Qom, un grupo de 25 mujeres de Pampa del Indio, que trabajan para mantener y transmitir el maternaje qom, sus formas de crianzas y con ellas, la identidad y el valor de su cultura.

Su propósito es claro: transmitir su cosmovisión, su lengua, sus juegos y danzas. Lograr que su pueblo pueda vivir sintiéndose orgullosamente indígenas. Están juntas hace 35 años y han viajado por toda la provincia, a lo largo y ancho del país y de naciones hermanas, llevando la bandera de la divulgación de la cultura.

Hablamos con Amancia Silvestre, una de las madres fundadoras, quien nos contaba de este aquelarre lúdico de maternaje cultural

¿Qué son las madres cuidadoras de la cultura qom?

Este grupo de mujeres nace allá por el año 1985, aquí en la Pampa Grande. Nos reunimos para hacer diversas actividades, impulsadas por dos hermanitas cordobesas que  nos ayudaron a las mujeres indígenas a organizarnos y a trabajar sobre temas de la comunidad. También nos dejaron las enseñanzas de oficios, como corte y confección, comida, porque tampoco conocíamos lo que eran las comidas de huerta, cómo sembrar y preparar. Nos enseñaron repostería, tejidos, como dar charlas. En cada reunión se aprendía una cosa nueva. Luego, en el año 2003, surgió esto de trabajar sobre la valoración y el rescate de nuestra cultura, junto al mismo grupo de mujeres, las más jóvenes y también las ancianas. Siempre con las ancianas, porque son ellas las que transmiten y también las que nos orientan a trabajar sobre el rescate cultural.

¿Por qué el nombre de Madres cuidadoras de la Cultura Qom?

Porque ese año las mujeres eran obligadas a trabajar sobre ese tema del jefe de hogar, en las escuelas, en hospitales, en lugares públicos en donde podían trabajar para obtener ese beneficio de jefe de hogar. Entonces nos organizamos para cuidar a los niñitos de las madres que se iban a trabajar. Un día nos quedamos un grupo, otro día nos quedamos otro grupo, y así sucesivamente. Nos turnábamos para cuidar a los niñitos de las mamás que necesitaban ese beneficio y también cumplir con los horarios. Entre todas cuidábamos a los niñitos hasta 5 años, porque los de 5 algunos ya se iban a los jardincitos. Así surgió este nombre de Madres Cuidadoras, porque ese era nuestro rol: cuidar a los niños haciendo desde lo nuestro. Hacíamos cunas, jugábamos, cantábamos, bailábamos con nuestros niñitos, y luego nuestros niños se criaron, se fueron, se dispersaron todos y nos quedamos nosotras. Entonces una de las chicas del grupo propuso que volcáramos en papeles todo lo que habíamos hecho en esos procesos de crianza. Porque algunas sabemos escribir, otras no saben, pero saben pintar, saben dibujar. Entonces surgió esta idea de escribir lo que hicimos, nuestros relatos, nuestras danzas, nuestro maternar qom, nuestras canciones en nuestros idiomas, que se iban perdiendo.

¿Cómo se organizan en la actualidad?

Somos un grupo de mujeres organizadas, trabajando muy comprometidas con este proyecto. Hoy en día nuestros materiales didácticos están en las escuelas, en los colegios. También recibimos invitaciones para hacer trabajos con nuestros niños en las escuelas, jugando, cantando. Las escuelas nos piden que vayamos a hacer estas prácticas con los niños. En todas las escuelas, bilingües y no bilingües, en escuelas privadas, en jardines de infantes privados, en la Universidad. Van a ser once años que estamos trabajando en la Universidad, en un proyecto que pide el maternaje qom como apoyo a las maestras jardineras en formación. En octubre se hace el cierre, que este año va a ser virtual.

Hablás de maternaje qom. Si tuvieras que definirlo, ¿cómo sería?

El maternaje Qom es el crecimiento del niño desde la panza de la mamá, cómo es el cuidado cuando una mujer está embarazada, luego cuando nace el niño, la crianza, cuando se despega de su mamá también tiene sus cuidados, cuando se va a la escuela también tiene un trato muy diferente que al niño criollo. Entonces esas diferencias sobre el maternaje son las que trabajamos en la facultad. Fue pedido de la directora, porque hay muchas señoritas a las que les toca trabajar en el campo con niños indígenas y no saben tratar con ellos.

¿Cuál sería, en el nivel inicial, la diferencia de tratar con niños criollos o indígenas?

La crianza del niño toba es muy diferente al criollo y muchas veces las señoritas se encuentran con ese gran problema. Entonces nosotras ofrecemos una orientación, por si les toca trabajar en el campo. El niñito toba tiene una tolerancia más serena, más silenciosa, más respetuosa. Aunque hoy en día hay una mestización, si el niñito toba sale con el carácter de su mamá se nota mucho, no va a decir malas palabras, no va a contestar si la maestra es muy gritona. Le decimos a las chicas que gritan mucho, que les hablan muy fuerte, gritando, todo ese trato brusco que aunque sea con buena onda, no es un trato que el niño qom tolere. El chico que no tiene ese trato en su casa, le molesta que la señorita le grite, porque en la casa no se le grita, los padres no le gritan, le hablan con mucho cariño.

Ustedes nacieron como un grupo de mujeres que ayudaba a otras mujeres en la crianza de sus hijos, y con el tiempo se volvieron un grupo que materna la transmisión de la crianza de la cultura qom. ¿Por qué creés que es importante esta transmisión de una forma cultural de ejercer la crianza?

El objetivo es revalorizar lo nuestro para que nuestros niños, nuestras juventudes, nuestras adolescencias no tengan vergüenza de ser indígenas. Hablar su idioma es lo primordial hoy en día y nosotras veíamos que todo esto se iba perdiendo. Gracias al trabajo de las madres hoy hay grupos de danza que anteriormente no había. No se hablaba de las danzas, no se hablaba de los juegos, no se hablaba de nuestros cantos… Pero hoy en día, gracias al trabajo de las mujeres en las escuelas, se dan espacios para estos temas. Hay materias que van inculcando desde la niñez el rescate, la valoración y el respeto de nuestra cultura qom. A si es que estamos agradecidas porque vemos que nuestro trabajo tuvo sus frutos.

Hablamos de que las danzas, los juegos y los cantos se habían ido perdiendo y están siendo recuperados a partir del trabajo sostenido de las Madres Cuidadoras de la Cultura Qom, ¿a que le adjudicarías esta pérdida de la que hablabas?

En este caso fue el evangelismo el que borró todo lo que era lo nuestro. Porque desde la iglesia se decía que era cosa del diablo, hacer una danza, cantar en nuestro idioma, jugar, eran cosas del diablo. Así, el evangelio fue imponiendo que lo nuestro no valía, no servía más, no se hablaba más. No se habla el idioma dentro de una iglesia, por ejemplo. Los pastores mismos que venían del extranjero, los alemanes, los checoslovacos, todas esas gentes que venían a imponer su cultura acá en el Chaco. En nuestro pago hubo una invasión de ingleses, italianos, y ellos fueron los que les cerraron la boca a los indígenas. Impusieron que lo de ellos era lo más valioso, que no hay otra cultura, que dios es el único que todo lo que nosotros teníamos que adorar. Su dios. Callaron al indígena para que no divulgue su cultura.

¿De qué manera afrontaron esa realidad?

Nosotras hablamos mucho entre nosotras y dijimos esto no es así, lo nuestro no está perdido, levantémoslo, abracémoslo y difundamos. Aunque hubo críticas, compañeras a las que no les permitieron pisar la iglesia por cinco años, por dos años, por hacer nuestras danzas, nosotras seguimos siendo religiosas. Pero no nos vamos a la iglesia. Fuimos muy criticadas por los evangelistas. Pero hoy en día, gracias a que no hemos bajado nuestros brazos, hay hijos de esos pastores que son profesores indígenas y que nos invitan a sus escuelas para trabajar con los niñitos sobre nuestras artesanías. 

¿Y de qué manera congenian la cultura qom con el evangelio?

Nos abrió mucho la mente leer la biblia, entender que Jesús también tuvo su cultura, tuvo su historia y también fue perseguido como nosotros. Así fue que seguimos convencidas de levantar nuestra cultura, lo que somos, y transmitirlo para bien de nuestros niños, nuestros nietos, para bien de toda la comunidad. Hoy en día, mucha gente comprendió nuestro trabajo, lo revalorizan y es muy solicitado. Hasta una iglesia de aquí, de Pampa Grande, pidió nuestra presencia para pedirnos perdón y reconocer que lo que hicieron ellos estaba mal. Ellos nos quisieron destruir, pero no pudieron gracias a la unión de las mujeres, que valoramos nuestra cultura y nunca nos dispersamos. Seguimos juntas con alegría.