Hay equipa

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El 7 de junio pasado, día de las y los periodistas, el gobierno de la Provincia presentó el Manual de Buenas prácticas para una Comunicación No Sexista. Elaborado en colaboración con el Frente de Trabajadoras de la Comunicación del Chaco, el manual se ofrece como un aporte más dentro de las políticas públicas que intentan responder a la demanda social contra la violencia machista.

Un manual de redacción sencilla y contundente, avalado por compromisos y normativas internacionales, nacionales y provinciales.

En las palabras y expresiones que ponemos en circulación y legitimamos se establece también una disputa por el sentido. ¿Qué elegimos señalar y de qué manera? ¿Qué preferimos pasar por alto? ¿Dónde ponemos la mirada y qué decimos sobre aquello que vemos? Este Manual de buenas prácticas para una Comunicación No Sexista apunta, más que a responder, a sacudir esas preguntas. Lo hace a partir de propuestas y recomendaciones que instan a desnaturalizar usos del lenguaje, estereotipos, estigmas chabacanos y un largo etcétera de ramplonerías que, simplemente, ya no van. Y ya no van, entre otras razones, porque nunca debieron ser admitidas; porque en su raíz no son más que formas de expresión que reproducen violencia contra las mujeres y disidencias.

Este Manual aspira, también, a fortalecer la comunicación con perspectiva de derechos.

“Modificar nuestras expresiones, palabras, modos de comunicar y transmitir ideas, conocimientos, información, implica una transformación cultural que merece ser pensada en clave de derechos humanos y género”, destaca el manual en lo que supone un punto de partida con una vara muy alta.

En ese sentido, resultaron por demás elocuentes las reacciones que provocó el discurso de presentación del Manual que ofreció nuestra vicegobernadora Analía Rach Quiroga. Al momento de mencionar a quienes realizaron este imprescindible aporte, Analía —con muy buen tino, con altos reflejos— dijo: “…agradecer al equipo, a la EQUIPA, que tuvo a su cargo este trabajo”. Ese mero toqueteo del lenguaje puede asumirse, en vistas de lo que provocó, como un gol de media cancha.

Hagamos a un lado las bajezas y el reaccionarismo más elemental. Hace mucho sabemos que el lenguaje, su uso, también es un arma de transformación. El lenguaje no es inocente, no es estático y, utilizado con audacia, puede ser revolucionario.

El lenguaje inclusivo tiene, por definición, espíritu popular e irreverente; supone una reivindicación de quienes han sido históricamente invisibilizades y, como tal, va de la mano con la voluntad de ampliar derechos. El gobierno de Alberto Fernández ganó las últimas elecciones presidenciales con un latiguillo preciso y muy bello: “Es con todos”, que en su versión televisiva y de redes sociales jugueteaba con el maravilloso TodEs del inclusivo. Un gobierno que aspira —por inspiración histórica— a la ampliación de derechos, lleva la palabra torcida de les olvidades de todas las épocas. Está bien que el lenguaje asuste, porque es la mejor arma que tenemos a mano.

La equipa que tuvo a su cargo la redacción del Manual de buenas prácticas para una Comunicación No Sexista, estuvo integrado por Julieta Arbués, Nadia Bosch, Guillermina Capitanich, Amelia Fernández, Lucía Gabassi, Úrsula Sabarece y Rocío Zalazar Bottcher; del diseño del Manual se encargaron Florencia Benítez Piceda, Araceli Galeano y Rocío Romero.

Si celebramos la equipa es porque tomamos conciencia, entre otras tantas realidades, de la fuerza de nuestro lenguaje.