HARTAS

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Por Rocío Navarro.

“Tienen algo de fantasmal y fuera de época –como de todas las épocas, mejor dicho”, me escribe Mariano sobre los retratos de Laura y Eugenia. Me pregunta si son parte de algún proyecto. Le respondo que por ahora no. Las sacamos en el patio de casa la noche del 10 de febrero, dos días después de que a Úrsula Bahillo la asesinara su ex novio policía. Cada vez me cuesta más poder expresar algo ante el horror de que nos maten a diario. Y cada vez que me reúno con mis amigas, incluso en los días más festivos, hay un momento dedicado al duelo. Por eso estas imágenes son perturbadoras y el único epígrafe que pude ponerles fue Hartas.

Me quedo pensando en la pregunta de Mariano. Me acuerdo de una foto similar que hicimos hace unos años con Úrsula Ximena Sabarece, para un ensayo al que llamamos Sobreviviente porque ella había cumplido 40 años y, en Latinoamérica, la esperanza de vida de las personas trans oscila entre los 35 y los 41 años. Esa foto es una doble exposición en la que buscábamos evocar el quiebre que fue para ella el asesinato de Aldana Palacios, una trava a la que un pibe la mató a piedrazos. “Las travas tenemos un cementerio en la cabeza”, me había dicho Úrsula por aquellos días.

Voy a la marcha del 8M decidida a hacer algunos retratos donde pueda superponer planos –imagino rostros abrazados por el colectivo de mujeres, imágenes que brinden algo de consuelo–. Pero no hay modo. Unas horas antes nos mataron, acá en Resistencia, a Fabiola Ramírez. Llego a la marcha y así como saco la cámara vuelvo a guardarla. Camino aguantando el llanto junto a dos amigas y a mi hijita. ¿Cómo se le explica a una niña de 6 años que este es un mundo donde a las mujeres con vulva o con pene nos violentan hasta la muerte?

Estamos hartas de vivir y de morir así. Necesitamos que el Estado y los varones se comprometan activamente a hacer que esto cambie.