El espíritu ancestral, el nunca más y la proyección de futuro

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Por Melisa Sotelo

El 19 de julio se recuerda, en honor a la Memoria, Verdad y Justicia de los pueblos originarios, aquél trágico día en el que las fuerzas policiales bañaron de sangre la entonces llamada Reducción de Indios Napalpí, al reprimir una huelga en la que los pueblos qom y moqoit pedían condiciones dignas de trabajo y dejar de ser la mano de obra esclava de quienes se había apropiado de sus tierras.

Este año, el gobernador Jorge Capitanich inauguró un memorial que recuerda la brutal matanza ocurrida hace 96 años y sostuvo que el hecho debe ser considerado un crimen de Lesa Humanidad. En este sitio sagrado para la memoria, fueron colocadas las urnas con restos de nueve víctimas, recuperadas desde el museo de La Plata, y una décima placa que representa a los ex combatientes indígenas de Malvinas.

“La política de Memoria, Verdad y Justicia trae al presente aquel genocidio que fue parte de la constitución del Estado Argentino, y esta memoria es la que permite desarrollar una política de ampliación de derechos para los pueblos originarios”, señaló la secretaria de Derechos Humanos y Géneros, Silvana Pérez, al conmemorar esta fecha trascendental para la memoria colectiva de los pueblos que habitan la provincia.

ModoMATRIA recogió el testimonio de Mario Fernández, referente del Pueblo Qom de Colonia Aborigen Chaco, lugar en donde está situado Napalpí, en el territorio llamado La Matanza, al fondo del lote 39, ubicado en el centro de nuestra provincia.

Fernández, maestro intercultural Bilingüe, pero sobre todo hijo de esas tierras y de esa historia, manifestó que “Napalpí hoy es un símbolo de lo que fue la resistencia, de estos hombres que murieron luchando, defendiendo su territorio y reclamando derechos”.

La memoria activa la justicia

Dice Mario Fernández:

“A partir de ahora, Napalpí se convierte en punto de inflexión. Ningún gobierno podrá esquivar los hechos ocurridos, pero tampoco los problemas actuales. No podemos vivir solamente de lo que pasó. Tenemos que analizar el presente para hacer una proyección hacia el futuro de nuestros pueblos y de nuestros hermanos.

“La reparación histórica, tiene que ver con una realidad que atraviesa a la comunidad: nuestros hermanos murieron reclamando igualdad social, y son estas demandas las que hay que atender. A nuestra comunidad todavía no llega el agua, y  poder tener acceso a una vivienda digna no es algo próximo en nuestros horizontes.

“Para nosotros, Napalpí es el grito de los que murieron pidiendo mejores condiciones de vida, más allá del hecho sangriento y el salvajismo llevado adelante por el Estado. Creemos que, de la misma manera con que el Estado aplicó con todas sus fuerzas y voluntad el exterminio de nuestras comunidades, hoy puede aplicar políticas que constituyan una mejoría para nuestras comunidades a largo plazo.

“Necesitamos que se generen espacios laborales, necesitamos un salón de primeros auxilios, necesitamos proyectos productivos. Nuestra gente añora a René James Sotelo – asesinado en 1981- , porque después de él no hubo jamás un proyecto productivo para mejorar las condiciones de vida. Solo estuvieron los arcos políticos hablando de nosotros, pero sin aplicar políticas de reparación”.

El  monumento es escribir la historia que por años fue silenciada

“Para nosotros, esto es como una sanación espiritual, porque por años cargamos, los que recibimos la transmisión del boca en boca, con que teníamos que hacer saber lo que realmente ocurrió y no dejar que  la historia oficial, que hablaba de un enfrentamiento de indios y colonos, tapara lo que realmente pasó.

“La memoria viva de Napalpí hoy pone un punto de cierre a la herida que quedó abierta en las comunidades, para que podamos avanzar en la interculturalidad y la libre determinación de nuestros hermanos, para que podamos definirnos con nuestra propia identidad y libremente podamos decir: somos qom y queremos tener las mismas posibilidades.

“Con el monolito de Napalpí nuestra memoria realza la voz de aquellos que decidieron morir de pie, en lucha, para no seguir de rodillas, porque veían el futuro que tendrían si no realizaban esos reclamos. Pero la matanza quedó enquistada en la memoria como sufrimiento. Esto alivia nuestro pesar y permite que nos sintamos parte de esto que es Argentina y Chaco. Porque empezamos a ver todos nuestros derechos reconocidos”.

El espíritu ancestral nos mantuvo vivos y  dice acá estamos

“Más allá del sufrimiento, más allá de lo que ocurrió, tenemos que tomar fuerzas y agradecer el espíritu ancestral que nos mantuvo vivos. Porque nosotros, como pueblo, tenemos nuestra propia fe y creemos en una fuerte conexión espiritual.

“Napalpí hoy marca un punto de inflexión muy importante en la historia. De ahora en adelante hay un lugar donde hablar en forma física y directa al Estado. Este hito dice que todavía seguimos existiendo, que tenemos mucho por hacer y reclamar hacia adelante, y ojalá sea para mucho bien”.

La memoria de Napalpí viene a decir nunca más

“La historia de opresión de las poblaciones indígenas de nuestro territorio venía ocurriendo desde 1870. Nosotros ya conocíamos la persecución, la muerte y la esclavitud. Nosotros lamentablemente hemos atravesado todas estas cosas.

“La memoria viva de Napalpí es importante para que llegue a todas nuestras comunidades, pero, sobre todo, a nuestros gobernantes y a quienes tienen la responsabilidad política de conducir el Estado, para que nunca más vuelva a repetirse. El racismo es muy fuerte, aunque aparezca de manera solapada. Reaparece en los momentos críticos, como el caso de Fontana, la represión policial contra una familia qom. Ahí nos damos cuenta de que todavía existe un racismo muy fuerte en nuestra sociedad. Y en eso es en lo que tenemos que empezar a trabajar. Evitar que eso ocurra. No queremos más ese tipo de violencias, queremos ser sujetos de derechos, parte de esta sociedad”.