Del día de la raza al respeto por la diversidad cultural

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Por Melisa Sotelo

El 11 de octubre es una fecha muy preciada para la memoria de nuestra América, se la conmemora como el Último Día de Libertad de los Pueblos Originarios, previo a la invasión, colonización, masacre y saqueo que llevaron a cabo los europeos en estas tierras.

Durante largos años la pedagogía de la colonización triunfó en las aulas y en el inconsciente colectivo, celebrándose cada 12 de octubre, dibujando carabelas, aprendiendo los nombres de los tres míticos barcos que trajeron la religión católica a tierras paganas y repitiendo, sin cuestionar, aquello del descubrimiento y la civilización.

En 1917, por decreto del entonces presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, se instituyó el Día de la Raza en el calendario nacional, legitimando la división de la humanidad en “razas”, con sus obvias y lamentables jerarquías. Aquel hito establecía una concepción político-social que sólo favorecía las reivindicaciones racistas y el sometimiento de unos hacia otros, perpetuando la desigualdad de poder que trajo consigo el inicio del capitalismo en nuestro continente.

A partir del 2005 en nuestro país comenzó un interesante proceso que permitió repensar aquellas verdades que se habían constituido como parte de la victoria colonial. Néstor Kirchner, presidente en aquel momento, aprobó mediante el decreto nacional Nº 1086/2005 el texto “Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación”, que proponía transformar el 12 de octubre en un día para la reflexión histórica y el diálogo intercultural, dejando atrás paradigmas discriminatorios como la división de la humanidad en razas, la teoría del descubrimiento de América, y la existencia de una cultura nacional única.

Hasta ese momento, la República Argentina había nacido como Estado-Nación sobre la base del genocidio de los pueblos preexistentes a la colonia, la usurpación de sus territorios, la prohibición de sus prácticas culturales y la negación de sus idiomas, sumada la posterior negación de las raíces históricas de toda Abya Yala.

Se homogeneizó una inmensa variedad de culturas, completamente distintas entre sí, bajo la despectiva identidad de indio. Las personas provenientes de culturas indígenas eran castigadas por hablar su lengua materna, en las escuelas se enseñaba una historia distorsionada y mentirosa, donde todo lo ligado a las culturas originarias era denostado como inferior o “salvaje”. Estas políticas, a lo largo del tiempo, fueron sumamente eficaces, de modo tal que muchos idiomas desaparecieron y los propios integrantes de sus pueblos se vieron obligados, por miedo o en un intento de proteger a sus descendencias, a dejar de transmitir sus lenguas.

El proceso de transformación que se había iniciado en 2005 se profundizó en el 2010 cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó el Decreto Presidencial 1584/2010, que establece el 12 de octubre como “Día del respeto por la diversidad cultural” (anteriormente denominado “Día de la Raza”). La nueva denominación se inscribe dentro del artículo 75 de la Constitución Nacional, que reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que ocupan, entre otros derechos.

Sigue, a su vez, la concepción de la UNESCO, que establece que “la diversidad cultural se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, de las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos en la dieta y en todo número concebible de otros atributos de la sociedad humana”.

El 12 de octubre es un día que nos invita a la reflexión, a la recuperación de la memoria silenciada en nuestro país durante décadas. En 2010 se estableció un cambio de paradigma que crea las bases para una sociedad más justa y diversa, en la que el respeto por la pluralidad se establece como valor y como derecho humano.