Capacitate, Hermana

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Por ModoMatria

La demorada caída en desgracia de Marcelo Tinelli y su Showmatch —con la peor temporada de su historia en términos de rating— bien puede adjudicarse a un cambio en nuestros modos de consumo cultural y de entretenimiento, pero no es menos cierto que, por debajo, fluye el actual rechazo social a ciertas formas de humor que encuentran su razón de ser en la permanente denigración del/de la más vulnerable.

En reírse de les otres, básicamente.

No es motivo de celebración, en tanto y en cuanto Tinelli sostiene una vigencia de por lo menos tres décadas; se trata más bien de la revelación de cuánto cuesta dar por cerrado un ciclo, una forma de ser. Y más aún si atendemos al hecho —en buena medida triste— de que no es el discurso tinellesco —por llamarlo de algún modo— lo que está en decadencia. Tal vez lo agotado sea, apenas, su formato.

Tampoco se trata de postular una cancelación —esa manera ambigua de pronunciar “censura”—, pero sí que se trata de la necesidad de señalar, de advertir, de destacar la peligrosa difusión de ciertos imaginarios que se sostienen a fuerza de racismo, homofobia, misoginia, mal camuflados.

Así el asunto —ante el inminente cierre de una era— resulta por demás llamativo que desde nuestro legendario Canal 9 de Resistencia no tuvieran en cuenta esta nueva realidad al momento de pensar sus producciones.

¿Por qué persistir en un formato que se cae a pedazos? Hace un par de semanas en el programa La hinchada —no nos pongamos quisquilloses, pero ¡ay!… ese título—, la conductora Agostina Atrio entrevistó a la modelo y actriz chaqueña Nicole Ferri, quien alguna vez fue Miss Trans Argentina.

La entrevista fue grosera por decir lo menos. Abundó en preguntas incómodas, interrupciones a la entrevistada, burlescos ruidos de fondo, en chabacanería y otras formas de la denigración. En resumen, que la entrevista fue un bajón.

Hubo, por supuesto, reacción en redes sociales, en algún que otro portal, en su gran mayoría repudios para Agostina y solidaridad para Nicole. La propia Agostina ensayó una semana después un largo pedido de disculpas —acaso vergonzoso— en el que no se privó de mostrar y señalar la cantidad de amigues homosexuales que supo cosechar a lo largo de su vida (¡reveló, incluso, que hay un gay en su familia!). Cada une la remonta como puede.

Desde ModoMatria no pretendemos abonar al escarmiento de la pobre Agostina ni mucho menos. Nadie debería. En primer lugar porque nosotres también nos confundimos más de una vez; porque la pifiamos seguido, porque el mundo —con sus formas discursivas, sus relaciones enrevesadas, sus maneras de contemplarlo— ha cambiado (por suerte), cambia permanentemente, y nos exige estar a la altura de ese cambio.

A veces resulta complejo saber qué está bien y qué está mal. Es cierto. Pero tampoco es difícil percatarse de nuestras propias bajezas, de que nos estamos comportando de manera abyecta.

En todo caso, si algo podríamos rescatar de esta anécdota —de la desafortunada entrevista que Agostina le hizo a Nicole— es la necesidad de que quienes están frente a una cámara de TV, quienes forman parte de alguna redacción, quienes producen contenido para redes y quienes, en definitiva, forman opinión, se capaciten.

Así como militamos y conseguimos una Ley Micaela que promueve la capacitación en género a quienes integran los tres poderes del Estado, así mismo podríamos poner nuestro esfuerzo en reclamar capacitación a quienes participan en los medios de comunicación.

Este año, desde la vicegobernación —de la mano de Analía Rach— y con el acompañamiento del Frente de Trabajadoras de la Comunicación del Chaco y de la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros de la Provincia, se presentó el valioso Manual de buenas prácticas para una Comunicación No Sexista. Como lo presentamos en esta misma revista: “un aporte más dentro de las políticas públicas que intentan responder a la demanda social contra la violencia machista.

Un manual de redacción sencilla y contundente, avalado por compromisos y normativas internacionales, nacionales y provinciales. (…) Propuestas y recomendaciones que instan a desnaturalizar usos del lenguaje, estereotipos, estigmas chabacanos y un largo etcétera de ramplonerías que, simplemente, ya no van. Y ya no van, entre otras razones, porque nunca debieron ser admitidas; porque en su raíz no son más que formas de expresión que reproducen violencia contra las mujeres y disidencias”.