Autorretrato de un planeta

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Rocío Navarro ofrece en Para traerte a casa una muestra fotográfica que invita a recorrer su universo privado, su hogar y los seres que lo habitan. Una paseo por el tiempo, narrada desde un jardín, que no rehúye —más bien profundiza—  temas urgentes. Una exposición que nos invita a cuestionar nuestro rol en el cuidado del planeta y que —consecuente consigo misma— lo hace como “reciclando arte”.

¿A qué refiere el nombre de la muestra?

Nace de una canción de Gabo Ferro que es en sí una poesía, por lo cual las lecturas son múltiples. Por un lado, me encanta Gabo y, por otro, estaba buscando algo que tuviera que ver con lo doméstico, porque todos los retratos son el espacio doméstico

y me gustó también el juego de la canción, que a veces también escuchamos o cantamos pensando en cantársela a un otro, cantármela a mí misma. Jugué con eso, con cómo me traigo a casa y cómo me construyo. Cómo me miro en ese espacio doméstico.

¿Por qué creés que mirarte a vos puede generar una mirada amorosa a la hora de mirar al otre?

Incluso en el reconocerme en la vulnerabilidad que es mostrarme, me parece que muchas veces como fotógrafos retratamos parte de la intimidad de las personas. Y entonces creo que nos moviliza esa práctica de retratar a otro, pasar nosotros por esa experiencia y ver qué pasa. Sentí también que tenía un poco de ritual el hecho de mostrar los autorretratos así, en esto de estar dispuestos a dar lo que pedimos, en ese ejercicio puntual de la fotografía lo pensé un poco así. Estar dispuesta a hacer lo que pido, ese mostrarse, ese compartirse para dialogar.

¿Cómo es ese momento de vulnerabilidad ante la lente de una cámara?

No solo es un momento de vulnerabilidad, lo podés leer como todo lo contrario: también como el plantarse, pero tiene que ver con una exposición. Y, particularmente, cuando se trata de mujeres o disidencias hay siempre una mirada que juzga, hay un chip que que nosotras mismas tenemos que desactivar, de qué vemos en esa foto, cómo es el cuerpo que aparece, cuáles son las lógicas, las costumbres cotidianas que aparecen en esa foto, qué es válido de ser mostrado o no. O qué cosas yo siento que necesitamos dialogar de lo cotidiano. También esta vieja frase feminista de que “lo personal es político” y que entonces empieza a haber tensiones que una cree que son de su foro más íntimo y que en realidad están en tensión con un afuera.

Decías que hay que desactivar algunas cuestiones a la hora de mostrar los cuerpos, ¿cuáles son esas cuestiones?

Varias de las fotos fueron trabajadas desde intereses por la historia personal, para un taller que se llama Reveladas, que es un taller de autorretrato feminista. Entonces ahí había cuestiones que tienen que ver con la invisibilidad. Por lo general con muchísima más carga las mujeres, la sexualidad, la libertad de esa sexualidad, la exploración de espacios que tenemos que pelear para nosotras mismas incluso en la intimidad. Por ejemplo, decidí que no hubiera fotos donde la maternidad fuese el tema, por más que en la mayoría de esas fotos yo ya era madre. Pero tiene que ver con que yo necesito pensarme más allá de eso tan fuerte en los últimos años y donde claramente sigo siendo también esa mujer, pero quería que cobraran dimensión esas otras cosas que también hago. Los espacios que las mujeres seguimos necesitando más allá del de madre.

¿Cuál es el recorrido temporal que ofrece la muestra?

Es un rejunte de autorretratos de los últimos diez años de mi vida, desde los 28 hasta ahora que tengo 38. La más viejita es un autorretrato frente a un espejo, que está en la casa de mi abuela. Hay siete fotos que son una selección de un registro que hice durante dos años de todo lo que pasó ahí, con una huerta que empezó en una heladera y que terminó en que se rompió el piso y ahora hay un pequeño ecosistema. También son fotos con las que yo sigo dialogando. Algunas son más anecdóticas, pero en todas hay coincidencias: la bicicleta, el reciclado, la preocupación sobre cómo nos vinculamos con la Tierra. Traté de reutilizar materiales, están en objetos escaneados, en un plástico que era de una tele vieja, las sogas que eran de una amiga, como buscando el recicle.

¿La muestra también surge de tus preocupaciones sobre la sostenibilidad?

Puede ser, mi foto desnuda con las botellas de plástico tapando las tetas, es para mí “la foto de la pandemia”: en la casa, desnuda, viendo cómo gestionamos este planeta con nosotros dentro de él. No sé si encuentro muchas certezas. Tanteo posibilidades y me hago preguntas. Es un poco el lado b de lo que escribo.