Democracia y Supervivencia Humana

Ampliación de derechos

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La discusión en torno a los proyectos sociales en el devenir de la humanidad, presentes en las luchas, conflictos y disputas históricas que caracterizan a las sociedades humanas, no son otra cosa que el debate sobre construir sociedades más humanas, igualitarias y libres.

En dichas confrontaciones nacen, se desarrollan, avanzan o retroceden los derechos que cada tiempo histórico —de acuerdo a las hegemonías de la época—  consagra y acuerda implícita o explícitamente que deben ejercer las sociedades.

En ese marco y en este tiempo histórico que nos desvela, pensar los derechos humanos —y como tales los derechos sociales, políticos económicos y sociales, y desde esa condición su universalidad— nos remite a pensarlos desde ciertas consignas y principios que ya fueron permanentemente enunciados en el siglo pasado:

  • Donde hay una necesidad, nace un derecho;
  • Derecho por el que no se lucha, no se conquista;
  • Derecho que no se ejerce, se pierde;
  • Cuando los derechos no son para todes, dejan de ser derechos y se convierten en privilegios.

¿Cómo pensar, desde estos principios, políticas públicas que amplían derechos? Algunas consideraciones:

  1. El rol del estado como garante del ejercicio de los derechos humanos se cumple, en tanto y en cuanto las políticas públicas generen las condiciones materiales y simbólicas para su ejercicio universal e irrestricto.
  2. La comprensión de las militancias, clases dirigentes, las vanguardias —o como quiera llamarse al amplio espectro de personas que cumplen el rol de activar, organizar y/o representar las demandas sociales por condiciones de vida más dignas—, la comprensión de que las necesidades que tornan derechos son históricas, se constituye en un largo proceso de luchas parciales, sectoriales, casi tribales, hasta que en una época determinada esas luchas se articulan y visibilizan cono tales. Y es casi la razón de ser de dichas militancias generar las condiciones para que así sea.
  3. La sociedad entera es partícipe, por acción u omisión, de los avances en materia de derechos humanos. Podríamos dejar como única excepción a aquellos sectores que, por su vulnerabilidad extrema, no tienen accesibilidad ni siquiera al derecho de defenderse.

Por ello, pensar y sostener la ampliación de derechos, constituye una trama compleja; supone que las políticas públicas deben delinearse con la participación real de los sujetos sociales, políticos e históricos que deben ejercerlos; así como con la imprescindible inescindibilidad de los derechos, superando las demandas corporativas que conducen a privilegios, y generando la conciencia social de que no hay ninguna posibilidad de ejercicio de derechos individuales si no es en el marco de la universalidad de los mismos.

En estos tiempos de neoliberalismo hegemónico, de globalización salvaje, de impúdica desigualdad, donde el 1% de los más ricos del mundo concentra más del 50 % de los recursos; estos tiempos de fascismos variopintos, de subjetividades individualistas e intolerantes; tiempos de guerra imperial a los pueblos para el saqueo de sus recursos —violencia que a su vez el modelo de mercado promueve en las relaciones sociales—, como nunca surgen la resistencia y la conquista de nuevos derechos como la herramienta más poderosa para sustentar las democracias, pero en especial como una cuestión de supervivencia de la humanidad como tal.

En un reciente y maravilloso texto, Boaventura de Sousa Santos alerta y nos convoca a recuperar las ruinas de un pasado que se tejió en términos de Derechos Humanos y que configuró horizontes de esperanza en proyectos igualitarios y colectivos:

“Cuando los cimientos se derrumban, se convierten en ruinas. Cuando todo parece estar en ruinas, no hay más alternativa que buscar entre las ruinas, no solo el recuerdo de lo que fue mejor, sino especialmente la desidentificación con lo que al diseñar los cimientos contribuyó a la fragilidad del edificio. Este proceso consiste en transformar las ruinas muertas en ruinas vivas.”

*Profesora en Historia. Ex presa política, militante política y sindical. Fue presidenta del Instituto de Cultura y Subsecretaria de Memoria Verdad y Justicia de la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia.


Por Silvia Robles